lunes, 18 de noviembre de 2013

ARTÍCULO CIENTÍFICO.



ANÁLISIS SOCIOLÓGICO DE LOS FACTORES SOCIOCULTURALES DESENCADENANTES DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LAS RELACIONES DE PAREJA



Manuel Cabrera Espinosa. Sociólogo, Doctor por la Universidad de Granada.

Enfermero especialista en Enfermería de Salud Mental.




El marco teórico utilizado lo configuran, de una parte, la teoría feminista y los Estudios de mujeres; el feminismo surge como un movimiento social y político de transformación de las relaciones de poder entre hombres y mujeres, su aportación es necesaria en una tesis como ésta. Y de otra parte, la fenomenología constructivista, recordemos que nuestro análisis se basa en experiencias personales, al adentrarnos en la descripción  la interpretación de la experiencia por la que han pasado un grupo de hombres, que han sido encerrados por violar el orden social, a través del ejercicio de la violencia de género. Sin embargo, este mismo orden social, para el constructivismo, no forma parte de la “naturaleza de las cosas” y no puede derivar de las “leyes de la naturaleza”.


Existe solamente como producto de la actividad humana. Nos interesa ahondaren esta dialéctica humana constructor versus construido para determinar aquellosfactores socioculturales que han podido influir en la construcción y asimilación deunas específicas zonas de conocimiento socialmente objetivado, tanto en el sentido cognoscitivo como en el sentido más amplio de normas, valores e incluso emociones. Factores, todos ellos, que han favorecido la implantación de la violencia de género como modo de relación entre personas de distinto sexo.


En cuanto a la metodología, apuntar primeramente que el método o los métodos,son modos más o menos acertados con los que el investigador pretende reducir ladistancia entre sujeto y objeto, entre acción y contemplación. Nuestro objetivo, en esta investigación, está centrado en la comprensión más que en la explicación de la violencia de género; el método que mejor se adapta a la comprensión de la realidad sociocultural de las personas es sin duda la perspectiva cualitativa.


Hemos desarrollado un estudio cualitativo fenomenológico. Consistente en larealización de relatos de vida a 18 hombres que en el momento de la investigación se encontraban en prisión por condena firme por violencia de género en las relaciones de pareja. Con el relato de vida captamos las tres dimensiones esenciales que se encuentran en la identidad de toda persona: los deseos y de las angustias del autor del relato, el reflejo de la sociedad a la cual pertenece su autor, y la dinámica existencial que lo caracteriza.



La población de estudio la componen aquellos sujetos que tienen sentencias firmes condenatorias de violencia de género hacia su pareja o ex pareja, y que se encuentren en la actualidad cumpliendo condena en centros penitenciarios de Andalucía. Con esta metodología de selección estamos confiando en el sistema judicial, último garante de la libertad y la inocencia, a la vez conseguimos localizar espacialmente a la población objeto de estudio. Las entrevistas han sido efectuadas desde 6 de enero del 2007 al 30 de junio del 2007. Hemos cumplido un código ético: primeramente una autorización del Ministerio del Interior, la voluntariedad de los sujetos de estudio informándoles previamente de los objetivos y desarrollo de la investigación. Hemos garantizado la intimidad protegida en el artículo 18.1 de la Constitución, y se ha respetado lo previstoen los artículos 4.2.b y 211 del Reglamento Penitenciario.


Con posterioridad, se ha efectuado un análisis de contenido del discurso generado, con la ayuda de un programa de análisis cualitativo asistido por ordenador, en concreto, el Atlas-Ti. Para esta investigación utilizaremos únicamente aquellas partes de nuestro análisis que se centren en la localización y explicación de aquellos factores socioculturales implicados en la aparición de la violencia de género en las relaciones de pareja.


Iniciaremos nuestro análisis con una somera descripción biográfica de nuestros entrevistados. Nos encontramos ante un grupo compuesto por 18 varones con edades comprendidas entre los 23 y los 70 años. La edad media es de 41,2 años, existiendo una concentración de sujetos alrededor de la misma, así el 41,2% de ellos tiene una edad comprendida entre 40 y 50 años. Sólo un entrevistado había estado en prisión anteriormente por violencia de género, aunque dos lo habían estado por otras causas.En 12 casos la violencia había sido contra la pareja con la que convivían, en los otros 6 lo fue contra su ex pareja.


Las expresiones que más emplean para referirse a su infancia son aquellas que manifiestan una situación de normalidad.Esta normalidad aparece en 15 de los 18 entrevistados. Sin embargo, a medida que surge el discurso, aparecen situaciones que, para nosotros, nada tienen que ver con la normalidad. Afloran expresiones y circunstancias duras y adversas, cuando no de maltrato. Intentando cuantificar la diferencia de expresiones asociadas a la masculinidad en relación con las de la feminidad, hemos realizado un recuento de ambos tipos de conceptos. Los resultados obtenidos sonabrumadores: en la búsqueda de aquellas palabras relacionadas con la masculinidad nos aparecen 108 entradas, frente a las 6 entradas encontradas en la búsqueda delos vocablos relacionados, en nuestra sociedad, con la feminidad (gráfico 2). Ante la rotundidad de los datos, podemos aseverar que nos encontramos con unos informantes provenientes mayoritariamente de familias masculinizadas, los cuales manejan un discurso donde la masculinidad es la norma y la feminidad la excepción. En cuanto a la dinámica familiar, aparecen unas relaciones familiares muy jerarquizadas con distintos roles por sexo, en las que el padre representa la autoridad y el orden, al encontrarse investido de todos los derechos. Es el actor activo de la unidad familiar. Frente a este padre activo surge la escondida, pasiva y sumisa madre que suele llevar las labores del espacio privado.


Nuestros entrevistados, ya desde los inicios de su proceso de socialización en el núcleo familiar han iniciado el aprendizaje de la hombría, o lo que es lo mismo, la capacidad de trabajar para la familia, de gestionar el poder, de dominar a otros seres humanos, y en último término la posibilidad de utilizar la violencia como mecanismo para conseguir los fines. Manifiestamente encontramos unas bases sociales o culturales que normalizan la superioridad masculina, e incluso el uso de la violencia para mantener esta superioridad del hombre sobre la mujer. Nuestros entrevistados creen firmemente en unos principios en los que la superioridad del hombre, y la necesidad de controlar a la mujer son la norma. Por tanto podemos afirmar que el maltrato tiene una funcionalidad. El acto agresivo es, en realidad, un acto de control más que de odio. Los malos tratos que sufren las mujeres no son más que la expresión extrema del poder que la sociedad patriarcal ha otorgado al hombre para corregir posibles desviaciones de su mujer, que puedan limitar su absoluto dominio.



CONCLUSIONES


La violencia y discriminación a la que es sometida la mujer en las relaciones de pareja, no es un acto individual de agresión; es una manifestación de la violencia y discriminación que sufre la mujer en todos los niveles y todos los órdenes de nuestra sociedad patriarcal, estamos ante un problema estructural y no tanto coyuntural. La violencia de género no es un hecho aislado, muy al contrario, son formas de relacionarse y modos de resolver las diferencias. Además, el maltrato tiene una funcionalidad, éste sirve a unos objetivos y consigue un propósito: mantener una unidad familiar dentro de la cual, la mujer es controlada y el hombre mantiene todo el poder.


Nuestro grupo de maltratadores proviene de familias altamente masculinizadas. Esta fuerte masculinización tiene una potente influencia en el proceso de socialización. Son unidades familiares en las que los atributos relativos a la hombría y la masculinidad tienen mayores posibilidades de hacerse visibles y desarrollarse; mientras que la feminidad, se encuentra prácticamente invisibilidad. La competencia y la lucha han sido actitudes permitidas y aceptadas como normales; frente a la expresión de sentimientos que se encuentra ausente.


Crecer y socializarse en un ambiente de maltrato, predispone al sujeto al ejercicio de la violencia en la edad adulta. Sin embargo, este axioma lo que no define es quién será el objeto de la violencia. Nosotros encontramos que la propia configuración familiar será un predictor importante de esta cuestión. Niños que crecen en ambientes de violencia masculinizados tenderán a ejercer la violencia en la edad adulta sobre la mujer, sobre lo femenino. Por el contrario, en familias fuertemente feminizadas la visibilización de los efectos del maltrato sobre la mujer se dan con más facilidad. Esta circunstancia facilitará que el niño desplace el objetivo de su futura violencia, si la hubiera, hacia otros elementos distintos del femenino; como, por ejemplo, la propia sociedad.


Aparece en nuestros informantes una constante deformación de su propia percepción y de la percepción de su pareja, además esta deformación está en la línea de los potentes estereotipos que existen en una sociedad eminentemente patriarcal respecto al hombre y a la mujer.


La educación se tiene que convertir en uno de los factores esenciales en la difícil y larga lucha contra la violencia de género en las relaciones de pareja. Si detrás de la violencia de género existen potentes factores sociales y culturales, es precisamente poniendo en duda esta forma cultural denominada patriarcado y buscando una educación en la igualdad de las personas, independientemente de su sexo, donde se encontrará una vía para solucionar el problema.


COMENTARIO 
En este artículo científico se evidencia claramente que los investigadores expusieron con gran claridad los resultados obtenidos sobre su estudio, de igual forma dar a conocer unas conclusiones las cuales buscan dar respuesta del ¿Por qué? se da una actitud de agresividad y dominio hacía   la mujer por parte de los agresores.

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